miércoles, 15 de octubre de 2014

¿CONOCES LA DIFERENCIA ENTRE EL HAMBRE Y LAS GANAS DE COMER?

Frases que escuchamos desde la infancia respecto a que un plato lleno es garantía de salud, que el niño que está comiendo y poco está desnutrido, están asociadas a los traumas emocionales que adquirimos a lo largo de la vida. Estos traumas son los principales impulsores de la ingesta de alimentos que va más allá de la necesidad de suplir nuestra dosis de energía diaria.

Pensamientos del tipo “tengo hambre, pero no sé de qué”, "yo no quiero comer arroz y frijoles, tengo hambre de algo delicioso", “voy a cenar lasaña” son indicadores de que el hambre está en algún factor emocional y no en el estómago. 

Debemos aprender a diferenciar el hambre del apetito. Cuando sentimos hambre, el cuerpo tiene una sensación relacionada con el déficit de energía en el cerebro y ésta es la forma de comunicar al control central -cerebro- que necesitamos ingresar combustible o recargar energías. Sin embargo, es importante tener claro que el cerebro aprende a asociar lo que fomenta nuestro acto de comer. Ahora bien, el apetito significa placer pues tenemos la opción de elegir lo que comeremos y somos selectivos al hacerlo. El apetito es emocional.algunas sugerencias prácticas para el día a día. Échales un vistazo:
1. Antes de comenzar cualquier dieta, establezca una meta clara y definida sobre el proceso de adelgazamiento y los resultados esperados para que pueda seguir participando en el programa. ¿Qué vale más, la satisfacción de “unas papas fritas” de corto plazo o un cuerpo más delgado y más sano en el futuro próximo?

2. Comuníquese con sus compañeros acerca de su decisión de bajar de peso y explíqueles el método que eligió. Esto le ayudará a recibir apoyo y soporte externo en caso de pasar por momentos de inestabilidad durante el proceso.

3. Antes de comenzar cualquier comida, aléjese de los problemas y no lleve sentimiento de ira, tristeza y otras emociones negativas a la mesa. No contamine su momento de equilibrio y de salud. Haga un ejercicio de respiración y mentalice a su meta.

4. Manténgase enfocado durante la alimentación, observando el montaje y organización del plato, los colores de la comida, el olor, así como masticar y degustar los sabores. Aproveche cada momento para disfrutar de todos los sentidos.

5. Al final de cada día, haga un breve repaso de lo que sintió e intente recordar las emociones más especiales, analizando lo que realmente le interesa guardar y "cargar" para el día siguiente. Sobrecargarse sin necesidad puede generar mucha ansiedad y malestar. La higiene mental diaria puede ser la clave para mantener el control de sus emociones.

6. Felicítese por las victorias del día, para cada hábito positivo que logró implantar en su vida y por dar un paso más hacia su meta.